septiembre 26, 2022

El ADN de una población antigua del sur de China sugiere raíces asiáticas en los nativos americanos

Vista lateral de la calota craneal desenterrada en la Cueva del Ciervo Rojo, Maludong, China. Crédito: Xueping Ji

Por primera vez, los investigadores han secuenciado con éxito el genoma de antiguos fósiles humanos del Pleistoceno tardío en el sur de China. Los datos, publicados el 14 de julio en la revista Current Biology, sugieren que estos misteriosos homínidos pertenecían a una rama materna extinta de los humanos modernos que podría haber contribuido al origen de los nativos americanos.

“La técnica del ADN antiguo es una herramienta realmente poderosa”, dice Bing Su (izquierda), del Laboratorio Estatal de Recursos Genéticos y Evolución, Instituto de Zoología de Kunming y miembro de la Academia de Ciencias de China. “Nos dice definitivamente que los fósiles de la gente de la Cueva del Ciervo Rojo eran humanos modernos en lugar de una especie arcaica, como los neandertales o los denisovanos, a pesar de sus características morfológicas inusuales”, dice.

Los investigadores compararon el genoma de estos fósiles con el de personas de todo el mundo. Descubrieron que los huesos pertenecían a individuos que estaban profundamente vinculados a la ascendencia de los nativos americanos del este de Asia. Al combinar estos datos con investigaciones anteriores, los resultados les han llevado a proponer que algunas personas del sur de Asia oriental habían viajado hacia el norte, a lo largo de la costa del actual este de China a través de Japón, y llegaron a Siberia hace decenas de miles de años. Luego cruzaron el Estrecho de Bering entre los continentes de Asia y América del Norte y se convirtieron en las primeras personas en llegar al Nuevo Mundo.

El viaje para llevar a cabo esta investigación comenzó hace más de tres décadas, cuando un grupo de arqueólogos en China descubrió un gran conjunto de huesos en Maludong, o Cueva del Ciervo Rojo, en la provincia de Yunnan, en el sur de China. La datación por carbono mostró que los fósiles eran del Pleistoceno tardío hace unos 14.000 años, un período de tiempo en el que los humanos modernos habían migrado a muchas partes del mundo.

El equipo de investigación halló en dicha cueva una calota craneal de homínido con características tanto de humanos modernos como de humanos arcaicos. Por ejemplo, la forma del cráneo se asemejaba a la de los neandertales y su cerebro parecía ser más pequeño que el de los humanos modernos. Como resultado, algunos antropólogos pensaron que el cráneo probablemente pertenecía a una especie humana arcaica desconocida que vivió hasta hace relativamente poco tiempo o a una población híbrida de humanos arcaicos y modernos.

En 2018, Bing Su, en colaboración con Xueping Ji (izquierda), arqueólogo del Instituto de Reliquias Culturales y Arqueología de Yunnan, y otros colegas, extrajeron con éxito ADN antiguo una calota craneal. La secuenciación genómica mostró que el homínido pertenecía a un linaje materno extinto de un grupo de humanos modernos cuyos descendientes se encuentran en la actualidad en el este de Asia, la península de Indochina y las islas del sudeste asiático.

“También se muestra que durante el Pleistoceno tardío, los homínidos que vivían en el sur de Asia oriental tenían una rica diversidad genética y morfológica, cuyo grado es mayor que en el norte de Asia oriental durante el mismo período. Ello sugiere que los primeros humanos que llegaron por primera vez al este de Asia se establecieron inicialmente en el sur antes de que algunos de ellos se mudaran al norte”, dice Bing Su. “Es una prueba importante para comprender la migración humana temprana”.

Las pruebas f3 (muestras globales del Pleistoceno tardío y del Holoceno temprano, a partir de la calota hallada) indican una relación relativamente estrecha de la misma con los primeros nativos americanos. Los valores de f3 se presentan en un degradado de color.

En el futuro, el equipo planea secuenciar ADN humano más antiguo de fósiles del sur de Asia oriental, especialmente los que son anteriores a la población de la Cueva del Ciervo Rojo.

“Tales datos no solo nos ayudarán a tener una imagen más completa de cómo migraron nuestros antepasados, sino que también contendrán información importante sobre cómo los humanos cambian su apariencia física al adaptarse a los entornos locales a lo largo del tiempo, como las variaciones en el color de la piel en respuesta a los cambios experimentados de exposición a la luz solar”, concluye Bing Su.

Fuente: phys.org