octubre 18, 2021

La música alta no influye en el rendimiento físico

Muchos monitores de gimnasio acostumbran a subir el volumen de la música basándose en la idea de que de esa manera los usuarios se ejercitarán con mayor intensidad en las sesiones.
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Muchos monitores de gimnasio acostumbran a subir el volumen de la música basándose en la idea de que de esa manera los usuarios se ejercitarán con mayor intensidad en las sesiones. Sin embargo, un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland ha descubierto que los asistentes a las clases de spinning (ciclismo de sala) no bajan la intensidad del entrenamiento cuando el sonido de la música se reduce a un nivel de decibelios más seguro para su salud auditiva. Incluso muchos usuarios de gimnasio prefieren la música a menor volumen del usual. Los resultados se publican Noise & Health.

Los usuarios no experimentaron diferencias en la intensidad de su ejercicio

Para su estudio, los investigadores seleccionaron un gimnasio de Baltimore, en Estados Unidos, y realizaron encuestas a usuarios, con una edad media de 31 años, que se habían apuntado a clases de spinning de una hora. Durante la investigación, el volumen de la música en las sesiones osciló entre 93 y 101 decibelios.

En las clases en las que la música era entre 2 y 3 decibelios menos que en las clases más «ruidosas» (una disminución del 20 por ciento en el volumen percibido), los usuarios no experimentaron diferencias en la intensidad de su ejercicio. Los que participaron en las clases con el volumen más bajo experimentaron una ligera reducción de la intensidad del ejercicio, pero solo dos de ellos informaron que la intensidad de su entrenamiento había sido inferior a la media.

Proteger la salud auditiva

«Nuestros hallazgos demuestran la necesidad de reducir el volumen de la música en las clases de ejercicio aeróbico con el fin de proteger la pérdida de audición sin sacrificar la intensidad del entrenamiento», afirma en un comunicado de prensa Ronna Hertzano, autora del estudio y ávida asistente al gimnasio antes de la pandemia de la COVID-19. «De hecho, los participantes de nuestro estudio afirmaron que preferían el nivel de sonido reducido durante sus entrenamientos», subraya.

Investigaciones anteriores sugieren que los niveles sonoros medios en las clases aeróbicas en grupo superan con frecuencia los 90 decibelios (sonido equiparable a un tren de metro que se acerca) y a menudo superan los 100 decibelios (tan fuertes como un cortacésped eléctrico).

Más de uno de cada cuatro participantes afirmó experimentar síntomas auditivos después de la clase de spinning, como pitidos en los oídos o audición amortiguada. En el caso de las clases con la música más alta, casi un tercio de los voluntarios señaló que el nivel de sonido era demasiado alto, y cerca de un tercio indicó que preferiría que se redujera el nivel de la música.

Solo tres de los participantes afirmaron que habían utilizado protección auditiva, como tapones para los oídos, durante el estudio. Albert Reece, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, concluye:  «Los gimnasios deberían tomar nota de estos resultados y bajar el volumen de la música para evitar los daños auditivos».